El Palacete de Uranga constituye uno de los enclaves más emblemáticos y con mayor atractivo de la comarca de Pamplona. En la actualidad, este espacio se ha transformado en un parque municipal y representa la principal zona verde de Burlada.
La edificación fue promovida por el abogado Miguel Uranga Esnaola y proyectada por el arquitecto estellés Máximo Goizueta como residencia familiar, siguiendo los criterios estéticos del modernismo. El conjunto ocupa una superficie aproximada de 33.170 metros cuadrados, resultado de la unión de varias fincas. Su construcción se llevó a cabo fuera del núcleo urbano de Pamplona debido a las restricciones existentes en la época, que impedían edificar en las inmediaciones del recinto amurallado.
Este elegante palacete se encuentra rodeado por amplios jardines en los que habita una variada colección de especies vegetales y animales exóticos, entre los que destacan pavos reales, cisnes, patos y diversas aves de pequeño tamaño.
Actualmente, el recinto dispone de un restaurante con terraza y de diferentes salas polivalentes destinadas a múltiples usos.
La ponencia en relación a la renovación de la iluminación del palacete versará sobre cómo el diseño lumínico puede transformar la disparidad arquitectónica en un conjunto armónico y coherente. El principal desafío radicaba en el caos formal de sus fachadas, resuelto técnicamente al identificar un elemento común: las ventanas de la buhardilla y del segundo piso presentes en todo el perímetro. Utilizando una temperatura de color de 2700K con un elevado índice de reproducción cromática se consiguieron resaltar todos los matices y el color natural de la piedra.
Además, para unificar las secciones blancas y sus grandes miradores metálicos, se optó por iluminar los balcones cerrados desde el interior, simulando una luz hogareña y cálida que infunde vida al palacete como si estuviera habitado.
La intervención técnica se completa con una sutil estrategia perimetral proyectada desde columnas exteriores, aplicando un bañado suave que matiza las acentuaciones de la fachada para evitar un efecto excesivamente teatral. Desde estos mismos soportes exteriores y desde el propio tejado del edificio, el tratamiento de la emblemática torre se ejecutó mediante proyectores dotados de lentes intensivas.
Esta solución logra ceñir el haz lumínico estrictamente a la estructura octogonal del monumento, confinando el flujo y garantizando una integración monumental impecable que respeta la oscuridad del parque botánico circundante.







